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Córdoba

Argentina, Brasil y EE.UU: tres caminos en la producción de Bioetanol

Un informe de la Bolsa de Cereales de Córdoba revela cómo Estados Unidos, Brasil y Argentina avanzan de manera distinta en este sector, con políticas y marcos regulatorios que juegan un papel crucial en su desarrollo.

14-01-2026

Contrastes en Políticas y Desarrollo

La producción de etanol en los tres países comenzó en la década de 1970, impulsada por crisis energéticas y la necesidad de diversificar la matriz de combustibles.

Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor y consumidor mundial, gracias a políticas estables como el Estándar de Combustible Renovable que desde 2005 ha garantizado volúmenes obligatorios de uso de biocombustibles.

Con casi 200 plantas y una capacidad cercana a los 70 mil millones de litros anuales, el país produce más de 55 mil millones de litros al año, con el maíz como insumo dominante.

Brasil, por su parte, ha consolidado un modelo de alto consumo interno gracias a su programa Proálcool iniciado en 1975. El corte obligatorio de etanol en combustibles alcanza el 27% y se ajusta según la disponibilidad de materia prima.

El marco institucional se ha fortalecido con RenovaBio, incentivando la eficiencia ambiental y económica.

Desafíos en Argentina

Argentina ha tenido un camino más errático en comparación con sus vecinos.

A pesar de contar con 18 plantas de producción y una capacidad instalada de 1.650 millones de litros por año, el desarrollo del bioetanol se ve restringido por una fuerte regulación estatal que fija precios, asigna cupos y controla el comercio exterior. Esto ha limitado las economías de escala y desalentado inversiones a largo plazo.

El uso de bioetanol en Argentina resurgió en 2006 con el Régimen de Promoción de los Biocombustibles, alcanzando un corte obligatorio del 12% en las naftas.

Sin embargo, transformar maíz en etanol ha dejado de ser atractivo en varios periodos recientes, debido a márgenes negativos en un contexto de precios regulados y costos en alza.

Lecciones y Futuro del Bioetanol

La comparación entre estos tres países deja claro que Estados Unidos y Brasil han logrado avanzar mediante políticas claras y consistentes.

Argentina, en cambio, enfrenta el reto de salir de un esquema de alta intervención y escasa previsibilidad que limita la expansión de su industria de bioetanol. Para que el potencial del bioetanol se concrete, Argentina deberá avanzar hacia un marco regulatorio más estable que combine objetivos ambientales con eficiencia económica.

En conclusión, mientras que el bioetanol en otros países es una herramienta de desarrollo territorial y de industrialización del agro, en Argentina, su crecimiento sostenido dependerá de la implementación de reglas previsibles y una mayor integración al mercado internacional. Solo así, el etanol podrá ocupar el lugar estratégico que ya tiene en los principales productores del continente.

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