El relevamiento constituye el primer diagnóstico socioproductivo de esta actividad emergente, que en las últimas dos décadas comenzó a consolidarse como un nuevo actor dentro del mapa vitivinícola argentino.
Un sector pequeño frente a los gigantes del vino
En contraste, las 244 hectáreas cordobesas muestran una escala reducida, aunque en pleno crecimiento y con un perfil diferenciado.

Dos modelos socioproductivos
La investigación fue desarrollada por Daniel Cáceres, del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv, UNC-Conicet), y Mariano Córdoba, docente de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC. El objetivo fue responder preguntas clave:
«¿quiénes son?, ¿qué hacen?, ¿cómo lo hacen?, ¿dónde lo hacen? y ¿cuáles son sus principales estrategias?».
El estudio identificó dos grandes tipos socioproductivos de bodegas:
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Modelo empresarial, con fuerte orientación al enoturismo y propuestas integrales que combinan vino, gastronomía y experiencias.
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Modelo familiar, de menor escala, centrado en producciones acotadas y comercialización directa o regional.
Un dato relevante es que el 77% de los emprendimientos produce alrededor de 12 mil botellas al año, lo que confirma el predominio de pequeñas escalas productivas.
Diversidad de cepas y concentración territorial

En la provincia se cultivan 27 cepas diferentes: 15 tintas y 12 blancas. Entre las más difundidas se encuentran el malbec, el cabernet sauvignon y el sauvignon blanc.
De productor masivo a buscador de calidad
El investigador Daniel Cáceres contextualiza el fenómeno en perspectiva histórica:
«En el siglo pasado Córdoba producía millones de litros de vino de mesa. En los últimos 20 años emergieron emprendimientos de pequeña escala, que apuntan a producir vinos más cuidados, que ponen énfasis en la calidad. Esta nueva vitivinicultura cordobesa está dando sus primeros pasos y buscando una identidad propia».
La transición marca un cambio profundo: de una producción masiva y poco diferenciada a una propuesta enfocada en calidad, territorio y singularidad.

El desafío del terroir y la identidad
El proceso, sin embargo, recién comienza. Cáceres advierte que los productores están en plena etapa de aprendizaje:
“Están empezando a conocer los distintos terroirs, identificando las cepas más adecuadas, optimizando las técnicas de cultivo y mejorando los procesos de vinificación. Esto sugiere que los productores tendrán que desandar sus propios senderos de adaptación, aprendizaje, e innovación, para recién luego encontrar una identidad propia que distingue a los vinos de Córdoba”.
La vitivinicultura cordobesa se encuentra, así, en una fase experimental y exploratoria. Con estructuras mayormente pequeñas, fuerte presencia familiar y una creciente apuesta al enoturismo, el sector avanza en la construcción de un perfil propio dentro del panorama nacional.

