Bunge lidera la producción de cultivos de baja huella de carbono para biocombustibles en Argentina
Bunge, una de las principales empresas agroindustriales en Argentina, ha alcanzado un importante hito al sembrar 90.000 hectáreas de cultivos de baja huella de carbono, destinados a la producción de biocombustibles de segunda generación. Esta producción se distribuye en más de 1.000 lotes en ocho provincias del país y el aceite obtenido ya ha comenzado a ser exportado a Europa.
El crecimiento de Bunge en el cultivo de colza, cártamo y camelina se enmarca dentro de su programa de Agricultura Regenerativa, que ha triplicado el volumen de producción en comparación con la campaña anterior. Esta expansión responde a la creciente demanda de biocombustibles, impulsada por iniciativas globales de descarbonización y la transición hacia fuentes de energía renovables.
El Director de Marketing y Nuevos Negocios de Bunge, Jorge Bassi, destacó que "todos los cultivos del programa lograron los mejores certificados de emisiones de carbono, llegando en algunos casos a comprobar fijación de carbono y efectos positivos sobre el ambiente". Esto ha sido posible gracias a un exhaustivo trabajo de campo, que incluyó muestreos de suelo y análisis de nutrientes.
Cultivos que benefician el medio ambiente
Bunge ha implementado un enfoque innovador al sustituir barbechos con cultivos oleaginosos, que aportan carbono al suelo durante períodos tradicionalmente improductivos y actúan como "puentes verdes con cosecha".
Según Bassi, "los cultivos que pueden cumplir este rol son muy específicos por región y tipo de rotación", lo que permite a los productores elegir la especie que mejor se adapte a sus condiciones.
El programa incluye tres especies: colza, cártamo y camelina, cada una con características genéticas variadas. En el caso de la colza, se han desarrollado nueve híbridos diferenciados para maximizar la producción.
Alianzas estratégicas y futuro prometedor
Bunge también ha establecido alianzas estratégicas para optimizar la genética de los cultivos y asegurar su comercialización. Para el desarrollo de camelina, la empresa ha invertido junto a Chevron en Chacraservicios, mientras que en colza se basa en híbridos importados de Alemania. En cártamo, trabaja con semillas de Norteamérica y mantiene acuerdos de investigación para desarrollar nueva genética.
Bassi concluyó que "para que el programa sea un éxito, no solo es importante el margen que obtiene el productor, sino también la estabilidad de estos cultivos y el efecto que generan como antecesores de los cultivos de verano".
Las expectativas de Bunge son ambiciosas, ya que se prevé una duplicación de áreas y producción para la próxima campaña.
Con esta iniciativa, Bunge continúa reafirmando su compromiso con la sostenibilidad y la integración del sector energético con prácticas agrícolas responsables.
Esto no solo incrementa la producción agrícola, sino que también promueve la fijación de carbono en los suelos y fortalece el valor agregado local, beneficiando tanto a la economía nacional como al medio ambiente.
