Rompiendo techos: un maíz duplicó la media nacional en el sur santafesino
Se trata del NS 7765 VIPTERA3 de Nidera, que en la zona núcleo alcanzó los 185 qq/ha.
En el corazón de la zona núcleo, donde los rindes altos no son la excepción sino la regla, todavía hay lugar para las sorpresas.
Eso fue lo que le ocurrió a Fernando Llobet, productor de Elortondo, en el sur de Santa Fe, cuando decidió probar un híbrido nuevo en una porción de su campo.
En un lote de 50 hectáreas, apostó apenas 10 al NS 7765 VIPTERA3. El resto quedó en manos de un material ya probado, el AX 7761 VT3P, que venía acompañándolo campaña tras campaña con resultados consistentes. La lógica era prudente: probar sin arriesgar demasiado.
Pero el resultado cambió el planteo. “El 7765 le ganó por unos 8 quintales”, resume. Y no fue en un año sencillo. Los rindes finales oscilaron entre 178 y 185 quintales por hectárea, con un promedio cercano a 182 qq/ha. Números que, incluso en la zona núcleo, se ubican muy por encima del estándar productivo.
Para ponerlo en contexto, el rendimiento promedio nacional de maíz en la campaña 2025/26 se ubica en torno a los 76 a 79 qq/ha, según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario. Es decir, el lote de Llobet prácticamente duplicó la media nacional.
El dato no es menor si se considera cómo fue la campaña. Enero resultó particularmente duro en la región: apenas 15 milímetros en todo el mes. Un escenario que, en otras condiciones, podría haber recortado fuertemente los rindes. Sin embargo, el cultivo logró sostenerse.
Además de la genética de Nidera, la clave, según el productor, estuvo en lo que no se ve: el perfil del suelo. Las lluvias acumuladas entre agosto y octubre dejaron reservas importantes, que luego el cultivo pudo aprovechar en el momento crítico.
A eso se sumó un manejo agronómico ajustado: rotación sostenida (trigo, maíz y soja); escarificado previo para descompactar; acertada estrategia de fertilización, y control de malezas efectivo desde el arranque. “Fue una suma de cosas que se hicieron bien”, explica el productor.
Claro que el lote también acompaña. El campo donde se dio esta experiencia se ubica sobre la Ruta 33, en plena zona núcleo, y se trata de un ambiente de alta calidad, sin limitantes y con una larga historia de manejo. Allí, la rotación juega un rol central.

Pero dentro de ese esquema, el comportamiento del NS 7765 VIPTERA3 —un material de máximo potencial de rendimiento y estabilidad en fechas de siembra tempranas y tardías— fue lo que terminó marcando la diferencia.
No solo superó al híbrido que el productor venía utilizando desde hace años, sino que lo hizo en un contexto de estrés hídrico en un momento clave. Esa combinación —mayor rinde y buena respuesta en condiciones adversas— es la que empieza a cambiar decisiones.
Con más de 30 campañas encima, Llobet sabe que no hay recetas únicas. Cada lote tiene su historia y cada campaña plantea un escenario distinto. Por eso sabe reconocer cuándo algo funciona. Y mientras sigue apostando a la estabilidad de sus materiales conocidos, empieza a darle más espacio a un híbrido que logró romper un techo de rendimiento.
“Este año voy a aumentar la superficie con NS 7765 VIPTERA3”, anticipa Llobet. De todos modos, no abandona el material anterior. El AX 7761 VT3P sigue siendo, en sus palabras, “un híbrido muy difícil de reemplazar” por su estabilidad. La estrategia, al menos por ahora, será colocar a los dos goleadores en el área.
