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Rafaela

“Beef on dairy”: la estrategia para agregarle valor a la carne derivada de vacas lecheras

En la Estación Experimental Agropecuaria Rafaela del INTA, en plena cuenca lechera santafesina, avanza un proyecto que apunta a modificar una práctica tradicional de los tambos argentinos: qué hacer con los terneros y animales que no serán destinados a la producción de leche.

08-10-2026

La iniciativa toma como referencia un modelo que ya tiene un importante desarrollo en países con una fuerte industria lechera, especialmente Estados Unidos, y que se conoce como “beef on dairy”.

El concepto consiste, básicamente, en utilizar genética de razas especializadas en producción de carne sobre parte de las vacas lecheras, con el objetivo de obtener terneros con mejores características carniceras y, de esa manera, elevar el valor económico de un subproducto tradicional de la actividad tambera.

La propuesta adquiere relevancia porque la producción de leche y la producción de carne están estrechamente vinculadas. Una vaca lechera debe tener una cría para mantener su ciclo reproductivo y productivo, pero no todas las crías serán necesarias para renovar el rodeo. Allí aparece una oportunidad: en lugar de considerar a esos animales solamente como un excedente del tambo, se busca convertirlos en una fuente adicional de ingresos.

De la genética lechera a la producción de carne

Durante décadas, el sistema lechero estuvo concentrado fundamentalmente en seleccionar animales capaces de producir más y mejor leche. En consecuencia, buena parte de la genética utilizada en los rodeos está orientada a características productivas vinculadas con la actividad láctea y no necesariamente con la conformación de una res destinada al mercado de carne.

El beef on dairy introduce una lógica diferente. En determinados vientres que no serán utilizados para producir la próxima generación de vacas lecheras, se emplea semen de toros de razas carniceras.

El resultado buscado es un ternero que conserve la eficiencia reproductiva y productiva del sistema lechero, pero que incorpore características deseables para la producción de carne: mayor desarrollo muscular, mejor rendimiento de la res y una terminación más adecuada para el mercado frigorífico.

De esta manera, el productor puede decidir estratégicamente qué vacas utilizar para generar futuras hembras de reposición y cuáles destinar a cruzamientos con razas carniceras.

Una herramienta para mejorar la rentabilidad del tambo

Uno de los principales atractivos del sistema es que no requiere convertir al tambo en un establecimiento ganadero tradicional. La producción de leche continúa siendo el negocio principal, mientras que la genética carnicera permite mejorar el valor de los animales que, de todos modos, serían generados por el sistema reproductivo.

El cambio, por lo tanto, está en la planificación.

En lugar de utilizar genética lechera indiscriminadamente sobre todo el rodeo, el productor puede establecer una estrategia de apareamientos. Las mejores vacas pueden reservarse para producir las futuras madres del tambo, mientras que otros vientres pueden ser inseminados con genética de carne.

Esto permite avanzar hacia un sistema en el que cada preñez tenga un destino productivo definido.

La decisión, sin embargo, no depende solamente de la genética. También deben considerarse factores como el costo de la inseminación, la facilidad de parto, la velocidad de crecimiento de los terneros, los precios de la hacienda, el sistema de alimentación y las características que demanda la industria frigorífica.

¿Por qué interesa al INTA Rafaela?

El desarrollo de esta estrategia en Rafaela tiene particular importancia por las características de la región. La zona concentra una parte significativa de la actividad lechera argentina y cuenta con una larga trayectoria en investigación y extensión vinculada con la producción tambera.

El desafío consiste en adaptar una herramienta desarrollada en otros sistemas productivos a las condiciones de los tambos argentinos.

No se trata simplemente de importar una receta. La genética, el clima, los sistemas de alimentación, la escala de los establecimientos, los costos y, fundamentalmente, las características del mercado argentino son diferentes.

Por eso, el trabajo experimental resulta clave para determinar qué cruzamientos pueden ofrecer los mejores resultados bajo las condiciones locales.

Más carne sin abandonar la producción de leche

Uno de los puntos centrales del concepto es que leche y carne no necesariamente deben verse como actividades contrapuestas.

Un tambo puede continuar especializado en leche y, al mismo tiempo, utilizar parte de sus recursos reproductivos para producir animales con mayor aptitud carnicera.

La estrategia también puede contribuir a mejorar el aprovechamiento de los recursos. Los terneros generados en el establecimiento pueden ingresar posteriormente a diferentes sistemas de recría y terminación, ya sea dentro del propio campo o mediante otros eslabones de la cadena.

Esto abre la puerta a una mayor integración entre la cadena láctea y la cadena de la carne, dos actividades que históricamente estuvieron muy relacionadas pero que en muchos casos se manejaron de manera separada.

El valor está en anticiparse

La principal diferencia respecto de un manejo reproductivo convencional es que el productor empieza a tomar decisiones pensando no solamente en la vaca que tendrá dentro del tambo, sino también en el destino comercial de cada ternero que nazca.

Para eso resulta fundamental contar con información sobre la genética utilizada y evaluar posteriormente el desempeño de los animales.

El objetivo final es que la elección del toro no se limite a características reproductivas, sino que contemple también variables vinculadas con la futura canal: crecimiento, musculatura, rendimiento y calidad de carne.

En otras palabras, la genética pasa a convertirse en una herramienta económica, capaz de influir en el valor del animal desde antes de su nacimiento.

Un cambio de paradigma para los tambos

El avance del beef on dairy representa, en ese sentido, un cambio de enfoque para la actividad lechera.

Tradicionalmente, el ternero macho nacido en un tambo podía ser considerado un producto secundario. La nueva estrategia propone observarlo de otra manera: como un animal cuyo valor puede incrementarse mediante una planificación genética adecuada.

Para los establecimientos que logren implementar correctamente el sistema, esto podría significar una fuente complementaria de ingresos y una utilización más eficiente de los vientres.

Pero el éxito dependerá de que exista una coordinación entre todos los integrantes de la cadena: productores, centros de genética, criadores, recriadores, feedlots, frigoríficos y comercializadores.

Una oportunidad para toda la cadena

El interés por el beef on dairy también se relaciona con una tendencia más amplia: buscar mayor eficiencia y valor agregado dentro de cada establecimiento ganadero.

En un contexto de costos elevados y márgenes que pueden variar fuertemente de acuerdo con el precio de la leche y de la hacienda, cualquier ingreso adicional puede tener un impacto importante sobre el resultado económico de un tambo.

La posibilidad de producir terneros con mejores características para carne permite, además, generar un producto más uniforme y previsible para los siguientes eslabones de la cadena.

Ese aspecto es especialmente importante para la industria frigorífica, que necesita animales con determinadas características para optimizar el rendimiento de las plantas y responder a las exigencias de los distintos mercados.

El desafío: convertir una buena idea en un negocio

El beef on dairy no es una solución automática para todos los tambos. Su conveniencia dependerá de la situación particular de cada establecimiento y de los precios relativos entre leche, terneros, reproductores y carne.

También será necesario determinar qué proporción del rodeo conviene cruzar, qué razas utilizar y qué características genéticas priorizar.

Allí es donde el trabajo del INTA Rafaela puede adquirir un papel estratégico. La generación de información local permitiría que los productores puedan tomar decisiones basadas en resultados obtenidos bajo condiciones productivas similares a las de sus propios establecimientos.

La meta, en definitiva, es avanzar hacia un tambo donde cada animal tenga un propósito productivo y económico definido.

El concepto de “beef on dairy” plantea así una posibilidad concreta: que la producción de carne deje de ser solamente un ingreso complementario e imprevisible de la actividad lechera para transformarse en un componente planificado del negocio tambero.

Y en una región donde leche y carne conviven desde hace décadas, la integración de ambas producciones podría convertirse en una de las herramientas para mejorar la eficiencia y la rentabilidad de los establecimientos en los próximos años.

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